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 Investigadores de la UMA participan en un proyecto sobre la conservación de este Bien de Interés Cultural
Ha recibido unas 450.000 visitas en el último año, pero la Cueva de Nerja puede resentirse con el paso de los turistas. Por ello, con el objetivo de minimizar los impactos y conservar la cueva de manera sostenible, seis investigadores de la UMA participan en un proyecto que durará hasta el 2013. Para ese año, el grupo investigador deberá obtener un modelo de gestión y explotación racional de la cueva. Junto a ellos participan otros investigadores de diversas universidades españolas y del CSIC. En total, son 25 las personas encargadas de este proyecto, además de contar con más colaboraciones. Los investigadores se centran en diversos objetivos generales, entre los que se encuentran la delimitación de las presiones que pueden afectar a la cueva y su impacto. El objetivo final será obtener un modelo de explotación sostenible: «Se trata de ver cuantas personas pueden visitar la cueva y durante cuanto tiempo», explica el profesor de la UMA y vocal del Consejo Científico de la Fundación Cueva de Nerja, Francisco Carrasco.
Desde la UMA, el grupo de hidrogeología de la Facultad de Ciencias se encarga del control de las aguas de goteo en la cueva. «El agua es la vida de la cueva, la que la forma y la que la mantiene. Hay que caracterizarla tanto en cantidad como en composición química para ver, por ejemplo, si hay corrosión», dice Carrasco. El control de los puntos de goteo se realiza semanalmente tanto en la zona visitable de la cueva, que ocupa un tercio del lugar, como en la no visitable, a la que hay que acceder con equipos especiales de espeleología. Aun así, los expertos creen que lo mejor sería muestrear a diario, pero los medios técnicos y la difícil accesibilidad no lo hacen posible.
Manchas verdes Además, se estudian otros parámetros ambientales como la temperatura, el CO2 y las denominadas manchas de ‘mal verde’ dentro de la cueva. Estas manchas se deben a la colonización de esporas que crecen en las paredes de la cueva gracias a las características ambientales existentes. El ‘mal verde’ de la Cueva de Nerja comenzó a estudiarse en los años 80 por el profesor de la UMA Fernando Marín. Ahora, con técnicas de microscopia focal se continúan los estudios a cargo de la bióloga Yolanda del Rosal. Todos estos estudios se unirán hasta 2013 a otros realizados por otros equipos de investigación. El objetivo final es claro: «Hay que adaptar el turismo siempre conservando el patrimonio de la cueva», comenta Cristina Liñán, geóloga participante en el proyecto. Los resultados también servirán para realizar un protocolo de actuación y guía de información para futuros grupos de investigación y trabajadores de la Cueva de Nerja. |