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Cinco alumnos de la UMA colaboran como voluntarios de la Fundación Alonso Quijano e imparten castellano a extranjeros
Compaginar el estudio con realizar labores sociales no tiene ningún secreto para los cinco alumnos de la UMA que participan en el programa de voluntariado de la Fundación Alonso Quijano, que imparte español para extranjeros. Periodismo, Traducción, Magisterio y Filología son las titulaciones a las que pertenecen estos voluntarios. «Hay voluntarios universitarios, y otros que no lo son. Normalmente, dependiendo de las necesidades del alumno se precisa una formación u otra, pero normalmente con tener el bachillerato es bastante», asegura Diana Buenrostro, coordinadora del voluntariado. Antonio Parrales, de Filología Hispánica, conoció la Fundación tras realizar un curso sobre Coeducación en los Medios y se enganchó como voluntario. «Cada alumno que viene lo hace por un motivo y eso varía el método de enseñanza», explica Parrales. El joven trabaja con un alumno armenio, una rusa y una ucraniana. El primero de ellos, Arsen Hovhannisyan, llegó a Málaga hace dos meses con un programa de intercambio del Área de Juventud del Ayuntamiento: «Decidí venir a Málaga porque creo que la vida aquí es similar a la de Armenia», comenta Hovhannisyan. El nivel de español con el que llegan los alumnos y la meta a la que ellos quieran llegar determina el modelo de trabajo que se lleva a cabo: «Al principio empezamos con juegos para que no se aburran. Por ejemplo, ayer me traje el ‘¿Quién es quién?’». Aunque no todo es diversión: «Cuando el alumno tiene un nivel más avanzado, se imparte más gramática», sostiene Parrales.
Compaginar actividades Por su parte, Alejandro Martínez, que también llegó a la fundación tras participar en un congreso de coeducación en los medios de comunicación, compagina sus estudios de cuarto de Periodismo con el voluntariado de la fundación: «Tengo una alumna, Nadia, que es de Marruecos», explica. En cuanto al tiempo que invierte a la hora de realizar su función docente, Martínez asegura que éste no interfiere en el desarrollo de su actividad académica: «Hay semanas que dedico más tiempo y otras que puedo menos, pero las clases siempre duran dos horas y media», asevera.
Cursos de 30 horas En la actualidad, la Fundación Alonso Quijano cuenta con una lista de espera tras la que muchos inmigrantes aguardan para encontrar un profesor que les ayude a perfeccionar o iniciarse en el aprendizaje del idioma. «Los cursos tienen siempre una duración de 30 horas, que el profesor se reparte como más le convenga», explica Diana Buenrostro, coordinadora del voluntariado. El hecho de participar en el voluntariado ha supuesto para ambos estudiantes un intercambio de experiencias, y los dos coinciden en el hecho de recomendar la vivencia a todos sus compañeros: «Me ha aportado muchas cosas y me lo paso bastante bien. Yo animo a todo el mundo a que pruebe porque siempre está bien enseñar y, sobre todo, aprender», afirma Martínez. Por su parte Antonio Parrales, ve su participación en el voluntariado como algo enriquecedor: «Considero mi paso por la fundación como prácticas profesionales. Este trabajo me aporta una gran satisfacción necesaria en mi iniciación al mundo laboral. Además, es una buena manera de conocer la realidad social de estas personas que cada vez están más integradas en nuestro país», concluye. La Fundación Alonso Quijano se encuentras en la calle Donoso Cortés, 6. |