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Un profesor de la Escuela de Industriales analiza en un libro el pasado y el presente de los blasones
Con el fin de identificar a los caballeros en los combates surgió el recurso gráfico de la heráldica, que tuvo un gran auge en siglos pasados, pero que a partir del XIX vivió una etapa de decadencia. Para explicar todo el significado de los blasones colocados en las casas nobiliarias, el profesor de diseño de la Universidad de Málaga, Sebastián García Garrido, realizó un estudio sobre este simbolismo, titulado ‘El diseño heráldico como lenguaje visual. Heráldica nobiliaria de la ciudad de Ronda’, que recoge un estudio pormenorizado de los blasones que coronan gran parte de las casas nobles de la ciudad del Tajo. A lo largo de la historia, los estilos artísticos han ido evolucionando, y eso también se aprecia en las heráldicas: «La heráldica ha ido amoldándose a los estilos de cada época, porque ésta empezó en el románico. En el gótico se cambió a una estética distinta, que se hacía en consonancia con los edificios de la época y dependiendo del sitio», explica García Garrido.
Emblemas personales No es hasta el Renacimiento cuando se empiezan a popularizar los emblemas personales, «como el yugo y las flechas que identificaba Isabel y Fernando», -Reyes Católicos- , «aunque con anterioridad otros reyes ya tenían un emblema personal, distinto del de su familia», asegura el especialista. «Los últimos estudios indican que no sólo colocaban los blasones por la función práctica de distinguir los diferentes gremios y ciudades. Las poblaciones ya tenían autonomía y necesitaban distintivos para los sellos», revela el profesor. Este auge de la heráldica se extinguió en el siglo XIX: «Los blasones, en esa época, dejaron de estar de moda en España y se dejaron de poner en las casas», asegura García Garrido. Aún así, hasta nuestros días han perdurado numerosos restos de esta época de esplendor. En la capital es más complicado localizarlos: «En Málaga quedan pocas casas blasonadas. En algunos lugares se pueden contemplar escudos que estaban instalados en casas y que se fueron quitando, pero se guardaron y conservaron. Esto ocurre en la Alcazaba, en el museo de Artes Populares y en los fondos del Museo de Bellas Artes, que se conservan en el Palacio de la Aduana», aclara. Un ejemplo de conservación de blasones está en el del palacio del Rey Moro, en Ronda, que perteneció a la Duquesa de Parcent. Esta se casó con un duque de Madrid y su palacio cuenta con más de un escudo heráldico en sus fachadas, a lo que hay que sumar la presencia del escudo familiar en las rejas de los balcones del mismo. «La duquesa creó la escuela de Bellas Artes en Ronda, y se trajo a los mejores artesanos de Granada para mantener la tradición y para construir su palacio», concluye.
Calle Nosquera

Tiene como elemento significativo una corona de barón. En teoría tendría el título el dueño de la casa, pero al tener tan mala calidad de ejecución podría ser un motivo copiado sin nisiquiera conocer el significado.
Calle Cister, Palacio de Gálvez

Cuando aparecen dos escudos juntos indican la unión en matrimonio de los titulares de cada uno de ellos. El que se pone primero, mirando la fachada la izquierda, sería el del marido y el de la derecha el de la mujer.
Palacio del Obispo

Este blasón tiene la característica de no pertenecer al obispo que realizó el edificio, sino al que lo siguió. El obispo bajo cuyo mandato fue construido el edificio, fue tomado por loco, motivo por el que se decidió no poner su emblema. |