Para convertirse en delincuente ficticio en defensa de la libertad de expresión, no hay más que ponerse una de las seis mil camisetas que conforman la instalación de este artista argentino muy vinculado a Tailandia. Amontonadas delante de una pantalla gigante en la que se proyecta la imagen de un niño tailandés comiendo arroz, cada una de estas prendas tiene impreso un eslogan que invita a la reflexión y que los visitantes pueden llevarse a casa tras la foto.
Galería Central
«Es una forma de que el occidental se sienta involucrado en algo que no es suyo», explica Pablo Rodríguez, alumno de segundo de Comunicación Audiovisual y coordinador de la sala de exposiciones Galería Central, lugar donde irán a parar las fotografías tomadas en la instalación de Tiravanija. Así, esta manifestación artística se prolongará a través de la creatividad de estos estudiantes de la UMA.
«Queremos hacer un montaje a modo mural con las seis mil fotografías y darle una estética similar a las fichas policiales», comenta Pablo, como adelanto de lo que se podrá ver en este espacio cultural de la Facultad de Ciencias de la Comunicación a partir de abril.
Una iniciativa que potencia la aproximación a la gente y las relaciones humanas características de la obra de Tiravanija. «El arte contemporáneo no está muy extendido en Málaga y esta instalación ayuda a divulgarlo», afirma Virginia del Río, estudiante de tercero de Publicidad y una de las personas que, al pulsar el disparador de su cámara de fotos, hace que sus improvisados modelos reflexionen sobre la libertad.
Una consideración de la que salen conclusiones tan heterogéneas como las personas que se acercan a participar en la instalación, personas de todas las edades y ocupaciones. «Nunca se está encerrado, tu mente siempre está libre», comenta Miguel del Amo, desempleado. «Es un proyecto muy innovador porque contacta con las personas y es más que ver un cuadro colgado de una pared», agrega el periodista Federico Atamaniuk.
Una obra de arte que no deja indiferente a quien participa en ella y que cada día atrae a unos pocos más de visitantes movidos por el ‘boca a boca’. «Doy clase en un instituto y le he recomendado a los alumnos de Historia del Arte que vengan», declara Francisco Javier Sánchez. Nuevos modelos para la obra de la veintena de estudiantes de Comunicación de la UMA que se han convertido estos días en fotógrafos por la libertad.


