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La Facultad de Económicas prohíbe jugar a la cartas en todo el recinto, a excepción del césped
Ni al cinquillo ni a la brisca ni al póker, sea con o sin apuestas que alegren el bolsillo o simplemente para entretener al resto de compañeros con sorprendentes dotes adivinatorios, los naipes no son bien acogidos en Económicas. La facultad, al igual que otros centros de la UMA como el que alberga los estudios de Informática y Teleco, prohíbe jugar a las cartas en el interior de sus instalaciones, incluyendo las mesas del hall y la cafetería. El decano de Económicas, Eugenio Luque, asegura que esta medida se tomó hace unos años para que el centro fuese un lugar de estudio en el que la tranquilidad fuese la tónica dominante que permitiese una mayor concentración de los estudiantes. El césped es el único espacio exento de esta normativa. «Me conformo con que mantengan limpios los exteriores», asegura Luque.
Recordatorios
Ahora, unos carteles ubicados en los pasillos, cafetería y salas de estudio refrescan la memoria sobre esta prohibición, aunque para muchos estudiantes sigue pasando inadvertida. «No tenía ni idea de esa norma», asegura Joaquín. Entre los alumnos hay división de opiniones. Unos creen que es una medida muy oportuna y otros, como Rafa Mérida, la consideran contraproducente: «Las cartas fomentan el intelecto. Hay que prohibir que se prohíban». En cambio, para Marta es esencial la intervención del decanato. «Hay muchos momentos en los que se ponen a jugar en las mesas del hall y aunque empiezan en silencio, al final terminan por acalorarse demasiado y así es imposible concentrarse», explica. «Me parece bien que se prohíba porque así no te tienes que enfrentar tú con ellos para mantener el silencio», añade. Como si de una escalera de color se tratase, el consenso es difícil de lograr en el centro. José María, que cursa Economía, considera que las cartas «son un buen método para fomentar la convivencia de los universitarios y sacar el estrés de los exámenes», y por lo tanto, deben permitirse en el tiempo libre. «Sólo sería incorrecto si se jugase en clase con el profesor», considera. Sin embargo, María Isabel Florido discrepa. «En la biblioteca y donde estén estudiando es justo que se prohíba. Se trata de no molestar a nadie», concluye. |