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El futuro Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea aspira a ser un foco de atracción de talento y a impulsar investigaciones de excelencia en este sector emergente
Chirimoyas, aguacates, kiwis o mangos. Cultivos tropicales que además de vestir de color y sabor las mesas malagueñas, suponen una importante fuente de ingresos para la provincia. Con el propósito de mejorar la calidad de estos productos y aumentar el rendimiento económico, la rectora de la Universidad de Málaga, Adelaida de la Calle, y el presidente de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Rafael Rodrigo, han suscrito un convenio de colaboración para la creación del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ (IHSM), un centro de investigación en fruticultura tropical de carácter mixto y titularidad compartida. El centro aspira a impulsar una actividad investigadora de excelencia y a transferir estos conocimientos al sector productivo y social. Según explicó el presidente del CSIC, con este pacto se «creará una masa crítica de investigadores muy importante» y será «un foco para atraer talento». Entre sus fines tiene además la formación de personal investigador y el apoyo a la docencia de posgrado. «La alianza permite que no tengamos que duplicar recursos, sino que podamos aunar esfuerzos», agregó Rodrigo. Las investigaciones en agricultura subtropical y mediterránea de la UMA han obtenidos resultados de referencia a nivel mundial, aspecto que aumenta la singularidad del IHSM, único de estas características en España. Según destacó el vicerrector de Investigación, José Ángel Narváez, ya existían trabajos previos conjuntos entre investigadores universitarios y del CSIC en proyectos nacionales, europeos y de excelencia de la Junta de Andalucía, por lo que la principal ventaja de este convenio es la posibilidad de contar con laboratorios anexos que multiplicarán la potencialidad de estos investigadores. Una cooperación que era una realidad desde hace años, pero que ahora queda formalizada.
Tomates resistentes
Así ocurre con el grupo dirigido por Eduardo Rodríguez, del departamento de Biología celular, Genética y Fisiología. Desde hace 12 años trabajan en conjunto con grupos del CSIC en el estudio de los virus que provocan daños en los tomates. «Analizamos los virus que tienen las plantas y la evolución a lo largo del tiempo de las plagas, así podemos hacer un seguimiento de cómo se trasmiten, qué insectos intervienen en el contagio y qué plantas son capaces de soportar al patógeno, de modo que podemos diseñar estrategias que bloqueen la infección», explica Rodríguez.

Este grupo ha conseguido que mediante la inyección de un gen externo por ingeniería genética, este fruto pueda resistir al ‘virus de la cuchara’, una enfermedad trasmitida por la mosca blanca que lleva de cabeza al sector agrícola porque curva y amarillea las hojas de la planta y reduce el tamaño del tomate. El Instituto quedará diseñado según tres líneas de investigación diferenciadas. Un primer departamento se centrará en la protección de cultivos, es decir, estudios sobre la incidencia de patógenos en productos típicos del levante andaluz. Una segunda sección incidirá en la mejora de la calidad de los productos, un epígrafe que engloba el desarrollo de nuevas variedades y la mejora productiva, conseguida gracias a los trabajos de biotecnología. Y por último, habrá una unidad vinculada a la fruticultura subtropical, en la que se tratarán las variedades leñosas que producen frutos como el aguacate o el mango y que han sido introducidas en la provincia gracias a las condiciones climáticas.

Soluciones reales a problemas de frutas y hortalizas cercanas a la sociedad, como las que propone el grupo del catedrático de Fisiología Vegetal de la UMA, Fernando Pliego, que se centra en los aguacates. En colaboración con el centro IFAPA, han conseguido portainjertos en fase experimental tolerantes al hongo ‘rosellinia necatrix’, un patógeno que provoca un decaimiento general del árbol y que amenaza a las plantaciones españolas. «En fisiología obtenemos plantas transgénicas de aguacates tolerantes. Vemos qué genes introducidos en las plantas las hace más resistentes», explica. Esta línea de investigación genética ha contado desde hace años con las aportaciones desarrolladas por el CSIC.
Alargar la vida
Por otro lado, han trabajado en la poscosecha, es decir, buscan métodos que permitan alargar la vida de los frutos una vez han sido recolectados. «Los conocimientos que tenemos para mejorar la textura de la fresa y tratar su reblandecimiento mediante biotecnología los estamos extrapolando a frutos tropicales como mangos, chirimoyas y aguacates. Intentamos desarrollar métodos que permitan conservarlos durante más tiempo y lleguen en mejor estado al consumidor», explica Pliego.
Importante para el sector agroalimentario de Málaga son los resultados obtenidos por Antonio de Vicente, del Departamento de Microbiología de Ciencias, sobre la necrosis de los mangos, una enfermedad bacteriológica descubierta por su equipo y con gran incidencia en la provincia porque se produce cuando se cultiva esta planta tropical en un clima mediterráneo. «Buscamos alternativas ecológicas que puedan reducir esta afección y consolidar este cultivo de alto valor económico en el litoral andaluz», asegura De Vicente. Asimismo, otra de sus propuestas es lograr un tratamiento efectivo para la malformación del producto, esta vez, de incidencia global. La plantilla total del Instituto sumará unas 180 personas entre investigadores, becarios y personal técnico de ambas instituciones. Por parte de la UMA, serán alrededor de una decena de grupos, conformados por una treintena de investigadores. Sus instalaciones se ubicarán en el Parque Científico Empresarial de la ampliación de Teatinos, en una parcela de unos ocho mil metros cuadrados con invernaderos experimentales, laboratorios y una gran finca. Asimismo, contará con los terrenos del CSIC en La Mayora, en Algarrobo Costa. |
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