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Lo que esconden los exámenes

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Profesores de la UMA recuerdan situaciones anecdóticas acaecidas en las aulas mientras los alumnos intentaban superar la asignatura en la prueba final

Cuando se tienen años de experiencia en la enseñanza, las situaciones anecdóticas pueden contarse por miles. El día a día en las aulas propicia que la cotidianeidad se tiña de cómica o trágica en según qué ocasiones. Si a esa rutina se le añaden episodios de nervios y estrés, como los que se pasan en febrero, lo más impensable puede hacerse realidad.
Los exámenes son un entorno hostil para muchos alumnos que, sin embargo, pueden resultar de lo más divertido para los profesores. Lo más común es que los nervios afloren en el momento más inoportuno borrando de la memoria los conocimientos esenciales o que sin previo aviso aparezca una risa incontrolable en una prueba oral. Pero eso no es todo.
La conciliación familiar no es precisamente fácil de conseguir y no siempre se puede elegir entre pasar el día con los hijos o acudir a la cita de las aulas. Antonio Quesada, docente de Derecho, recuerda como tuvo que examinar a una alumna junto a su pequeño. Mientras la madre universitaria recitaba el temario, el niño dibujaba y coloreaba en el pupitre de al lado. Lo más curioso es que le ha sucedido más de una vez.
En su carrera profesional, Quesada ha sacado en conclusión que ‘más vale prevenir que curar’ y que de ‘los errores se aprenden’. Por eso, cuando comienza sus clases les suele decir a sus alumnos:«Por favor, que el código civil que utilicéis sea el español y esté vigente». Una frase que a la mayoría les hace gracia pensando que otra opción es impensable, pero él sabe por qué lo avisa. «En un examen de Derecho Civil, un alumno acudió con las leyes y el código civil vigentes en México», revive entre risas. «No sé cómo se le pudo pasar por la cabeza».


Visitas extrañas

Las instalaciones ayudan en muchos casos a que se sucedan estas peripecias. Hace años, cuando Empresariales se cursaba en el edificio conocido como los ‘barracones’, un profesor rememora como en el transcurso de un examen, unos pasos empezaron a sonar sobre sus cabezas. El techo de uralita de esa aula dejaba entrever como un niño correteaba en las alturas. Pasos hacia adelante y hacia atrás que iban acompasados por las miradas de los universitarios, más pendientes del incidente que de superar el test.
Algunos de los episodios más insólitos suceden por la picaresca de los alumnos para superar la materia. Más de un profesor tiene en su posesión artículos requisados en estas pruebas finales. Bolígrafos trucados, chuletas plastificadas y temarios reducidos a minúsculos papiros giratorios que los estudiantes usan cuando no se han hincado los codos lo suficiente. Un sinfín de métodos que han quedado guardados para la posteridad en los despachos de las facultades como la prueba tangible del delito.
Aunque lo más habitual, como relata el profesor de Psicología Luis Valero, es que los estudiantes intenten chivarse las respuestas entre unos y otros. «Solemos dar avisos previos antes de expulsarles para que no giren demasiado la cabeza hacia otra mesa y cambiarlos de sitio para controlar mejor sus movimientos», asegura. Pero la astucia no se queda aquí.

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Las tecnologías pueden ser aliadas a la hora de sacar adelante una materia sin estudiar, pero no resultan infalibles. Un docente de la UMA recuerda como hace unos años, un examen terminó con un alumno huyendo despavorido de un aula y tras él un agente de seguridad. Este suceso, en principio impensable, ocurrió cuando el estudiante transcribía las preguntas que un cómplice en el exterior le dictaba a través de un minúsculo auricular.


Huida y persecución

Cuando el infractor fue pillado, «no bajó la cabeza y abandonó la sala avergonzado», como suele ocurrir en estos casos, sino que, ante su fracaso como copión, decidió echar a correr «con tal violencia que el guardia de seguridad se pensó que había robado o cometido algún delito y le persiguió», recuerda el docente. Unos días más tarde, el alumno acudió a pedirle disculpas y a explicarle que su inesperada espantada había sido provocada por el miedo a que le sustrajesen el ‘pinganillo’, que no era de su propiedad y cuya cuantía era importante.
En estos casos, los profesores suelen retirar a los estudiantes los objetos fraudulentos y suspenderles directamente sin corregirles la prueba. Deberán superar la asignatura en la convocatoria de septiembre o, según el profesor, en el próximo curso académico.
Pero tras el examen, está la revisión. «Hay muchos alumnos que a sabiendas de que han realizado un pésimo examen, deciden hacer una ‘escenita’ en el despacho para que nos ablandemos», cuenta un profesor de Derecho. «Otros, sin embargo, se han puesto a llorar, pero no porque estuviesen suspensos, sino porque creían que en vez de un notable se merecían un sobresaliente», añade.
Muchos optan por el teatro para subir nota, pero hay algunos que se creen auténticos actores. Una profesora cuenta como en una revisión de examen, una joven llegó algo más nerviosa de lo habitual. «La chica no paraba de echarse el flequillo sobre la cara y no me miraba. Parecía que ocultaba algo», relata. Ante una sospecha cada vez más creciente, la docente comenzó a preguntarle por detalles sobre sus respuestas en la prueba. Así, hasta que el apuro le hizo confesar. La chica se estaba haciendo pasar por su hermana, la verdadera alumna, que no había podido acudir a la revisión por estar de viaje y no quería perder la última oportunidad de lograr el aprobado.


 

 

Comentarios 

 
0 #1 umaalumna 2010-02-02 14:56

Que importancia tiene una chuleta en la vida de un estudiante si debería estar permitido copiar.

Ya está bien de exámenes memorísticos que no sirven para nada. De qué sirve aprenderse de memoria una fórmula matemática si en la vida real tenemos nuestra disposición cualquier información.

Lo importante es saber utilizar la información y ser resolutivo.

No es de extrañar que con este sistema educativo Españá tenga una de las productividades laborales más bajas del mundo.
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+3 #2 Alumno 2010-02-02 15:02 Y ahora cuento yo una anécdota de un alumno, que esta sí que es graciosa. Entro un día al departamento de una facultad, no daré detalles, para preguntar por algo relacionado con la asignatura, y mira qué anécdota, me encuentro a un profesor cepillándose a otra profesora, sentados sobre una silla. Eso sí que es una anécdota. Cita
 
 
0 #3 Judith 2010-02-02 15:16 Yo he echo examenes en los que los profesores han llevado a sus hijos porque no tenian donde dejarlos, sobre todo en verano.

Y una vez una profesora llegó mas de dos horas tarde a un examenes porque estaba en la playa y se le habia olvidado.
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+1 #4 Josele 2010-02-02 15:19 No me creo lo de los dos profesores montandoselo en el despacho…Mas bien no sería un profesor con alguna alumna o viceversa? Cita
 
 
0 #5 Chuletas 2010-02-02 18:43 Yo estoy terminando la carrera y me he copiado en el 90% de los examenes, no se si es pq me copio perfecto como para que me dediqueis un reportaje o que los profesores se hacen un poco los locos… pero vamos que en lo que me copio son todas esas cosas absurdas que luego en la vida no te van a servir de nada asi que tampoco es malo, jejejeje!!!

La verdad no sere la primera ni la ultima en comerme una chuleta para no ser pillada jejejej!!!!!!!! !!!!!!!
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0 #6 Lourdes 2010-02-02 23:16 Seguro que los profesores que hoy presumen de título se copiaron en su época. La falsa moral de siempre… Cita
 

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